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    January 24

    Contra argumentos al vegetarianismo

    Uno de los argumentos que se suelen dar en contra del vegetarianismo
    es que nuestros antepasados en determinado momento empezaron a ser cazadores para sobrevivir y
    que por tanto nosotr@s estamos legitimados a seguir depredando animales.

    Es simpático recordar que nuestros inicios como depredadores de animales

    fueron con seguridad como carroñeros y
    no como cazadores, lo que le resta cierto romanticismo a esa visión de nuestro pasado.
    Pero fuera de anecdotas, lo importante para saber cómo relacionarnos con los otros

    animales no es ver qué se hizo en el pasado,
    sino qué debemos hacer nosotr@s hoy.

    Las estrategias de supervivencia de nuestros antepasados no determinan nuestras decisiones morales
    con respecto a los animales hoy. Nuestra sensibilidad ética ha cambiado en muchos aspectos respecto
    a épocas pasadas. Multitud de prácticas que realizaban nuestros antepasados son consideradas
    a la luz de la razón hoy como verdaderos crímenes.

    La historia de la humanidad nos ha dado la oportunidad de revisar constantemente nuestras creencias
    sobre lo que está bien y lo que está mal. Nuestra capacidad de aprendizaje ha permitido dicha revisión.
    Y la paulatina superación del racismo o del sexismo, son dos grandes ejemplos de ello.
    Este gradual crecimiento del respeto entre l@s human@s, nos ha hecho pensar en que el círculo
    de consideración moral debe crecer aun más para incluir también a los demás animales.
    Creemos que ha llegado el momento de empezar a ver a los animales no humanos, no como cosas
    para nuestro beneficio, sino como compañer@s de planeta a los que respetar. Son individuos que
    disfrutan de su vida y procuran evitar el sufrimiento en el mismo sentido que lo hacemos nosotr@s.
    ¿Por qué habríamos de utilizarlos como si fueran objetos inanimados?

    Debemos, por ello, dar un paso más y trabajar para superar el prejuicio, similar al sexismo y al racismo,
    que sustenta la explotación animal: el especismo, según el cual la especie de los individuos
    es motivo suficiente para despreciar sus intereses.

    Insistimos en la idea de que lo qué hicieron en el pasado o lo que hacen otr@s en el presente
    no debe influir en nuestras decisiones éticas. No es legítimo justificar una conducta diciendo
    "también lo hace el vecino". Debemos asumir nuestras elecciones morales con sinceridad y
    justificarlas con argumentos racionales, no apoyándonos en costumbres actuales o en tradiciones.

    ¿Qué es el especismo?

    El especismo es la discriminación de un individuo en función de su especie.
    Es decir, considerar que los intereses de alguien no merecen un peso justo debido a su especie de pertenencia.
    La forma de especismo más común es la que establece que es el hecho de que alguien pertenezca o no al
    grupo humano lo que determina el respeto que merecen sus intereses. La defensa de esta forma de especismo
    gira normalmente en torno a dos argumentos. Lo que esconden ambos es la idea de que es la simple
    pertenencia a la especie Homo sapiens el motivo por el cual los animales humanos merecemos que
    nuestros intereses tengan un trato privilegiado con respecto a los intereses de los demás animales.

    Supuestamente superiores

    En primer lugar y con el objetivo de defender la "superioridad" humana, se mantiene que pertenecer
    a la especie Homo Sapiens ya es en sí mismo motivo suficiente para que alguien sea respetado, y
    que quienes no pertenecen a este grupo no merecen el mismo respeto que quienes sí tienen esa suerte.
    Lo cierto es que este tipo de argumento es tan injusto como sostener que es el tener el color de piel blanco,
    o el ser hombre lo que determina si alguien merece un trato justo o no. Nuestra especie,
    al igual que nuestra raza, sexo etc., no es más que un grupo de clasificación que de ninguna manera
    determina el peso que merecen nuestros intereses.

    Por otro lado, se mantiene que es la posesión de características "exclusivamente humanas"
    (un determinado grado o tipo de inteligencia, ciertas capacidades lingüísticas, etc.)
    lo que hace que los humanos y sólo los humanos, merezcamos un trato justo e igualitario.
    Pero no todos los humanos poseen dichas características: recién nacidos, humanos con una
    discapacidad mental profunda, enfermos en estado avanzado de Alzheimer... no merecerían ser respetados
    como el resto si nos basásemos en estas características y es que estas capacidades no determinan
    nuestros intereses. No es nuestra inteligencia lo que nos hace querer vivir o sentir dolor, sino la capacidad
    para sufrir y disfrutar, algo que compartimos con los demás animales y que nos permite tener experiencias, convirtiéndonos a todos y todas en individuos con intereses propios.

    Desde pequeños estos argumentos se nos han inculcado y repetido de formas más o menos sutiles y diversas,
    a través de cuentos, libros infantiles, visitas al zoo o al circo, productos alimentarios provenientes de la
    explotación de los demás animales etc. Esto hace que pocas/os hayamos cuestionado el especismo.
    Nuestra infancia, como el resto de nuestra vida, es una muestra de que los intereses de los demás animales
    no son considerados justamente y que pueden ser utilizados para nuestro beneficio en el campo de la medicina,
    alimentación, vestimenta etc. Pero si queremos ser justos, debemos rechazar el especismo y sus consecuencias
    (la explotación animal), ya que en general, todos los animales, humanos y no humanos,
    somos iguales en lo que al respeto que merecemos se refiere.

    A veces se plantea que la igualdad animal es una idea utópica, que es imposible que todo
    el mundo sea vegetariano, que siempre se ha explotado a los animales y que se seguirá haciendo...
    pero que no podamos erradicar una injusticia por completo no justifica que participemos en ella.
    Aunque no los veamos, los laboratorios donde ensayan nuevos fármacos, los mataderos, las redes de pesca,
    están ahí y continúan suponiendo la muerte y sufrimiento de millones de animales no-humanos cada hora.
    Podemos cambiar el destino de miles de individuos si dejamos de participar en su explotación.
    Cuando decidimos no consumir productos de origen animal, no vestirnos con su piel o pelo, no acudir a
    espectáculos que les utilicen, la igualdad animal deja de ser utópica para convertirse en realidad.
    Realidad para todos los animales que no morirán para acabar en nuestro plato o en nuestros pies convertidos
    en zapatos. Realidad porque supone un escalón más hacia el cambio social que buscamos: el fin de la discriminación hacia los demás animales, el fin del especismo.

    ¿Cómo podemos ayudar a los demás animales?

    Uno de los pasos más importantes y eficientes para ayudar a los demás animales es dejar de demandar
    su utilización. La demanda que realizamos de productos y servicios que provienen de su utilización como
    recursos hace que estos sean criados, confinados y matados. Pensemos un momento en Inglaterra, donde
    hay mas de 10 millones de vegetarianos/as. Pensemos que mañana deciden todos comer animales.
    Está claro que tendrían que ser criados y matados muchísimos más animales para satisfacer esa demanda.
    Esto nos indica que cada vez que alguien se hace vegetariana/o, está en cierta forma salvando la vida a
    muchos otros animales que padecerían diversos sufrimientos y finalmente serían matados por sus hábitos de vida.

    Alzando la voz por ellos/as

    A diferencia de otros movimientos de liberación, en éste los individuos oprimidos no pueden amotinarse,
    organizar manifestaciones... son esclavos desde el momento en el que nacen hasta el que mueren.
    Miles de animales mueren cada segundo, es necesario y urgente que alcemos la voz por ellos/as,
    que contribuyamos a que más gente cuestione el especismo y lo supere.

    Hablar con nuestros amigos o familiares sobre el tema, organizar una charla en nuestro instituto,
    dejar folletos en bibliotecas, pedir que en el restaurante de la facultad haya opción vegetariana,
    son actos que sin duda ayudan a infinidad de ellos/as. Cuanto más acceso tengamos a información,
    más probabilidades habrá de que otras/os pongan fin a su utilización.

    El veganismo es la práctica de abstenerse por completo del uso o
    consumo de productos de origen animal "por motivos éticos."

    Es, en efecto, debido al sufrimiento y muerte que la práctica de criar animales para consumo humano produce, y
    a la posibilidad del hombre de prescindir de los mismos sin daño para su salud, que los veganos
    ven en su decisión alimentaria la única alternativa éticamente permisible.

    A diferencia de los vegetarianos, que aducen muy diversos tipos de justificaciones para su dieta,
    las razones que los veganos presentan son casi siempre de tipo ético. Esto es lo que marca una diferencia
    clara entre un vegano y un vegetariano, ya que el veganismo se rige por el imperativo ético, mientras
    que vegetariano puede serlo por razones de salud o religiosas, etc